Leyenda ambientada en los Andes del Ecuador
La Leyenda del Colibrí de Fuego
Hace muchos años, en las montañas cercanas al volcán Chimborazo, vivía una pequeña comunidad indígena que respetaba profundamente a la naturaleza. Creían que el sol, la luna y el viento eran espíritus protectores.
En esa comunidad vivía Killa, una niña valiente y curiosa. Una noche, el cielo se oscureció más de lo normal. El frío se volvió intenso y las cosechas comenzaron a marchitarse. Los ancianos dijeron que el Espíritu del Fuego se había escondido en el corazón del volcán, y sin su calor, la vida desaparecería.
Killa decidió emprender el viaje hacia la montaña. Caminó durante horas hasta que el viento la derribó. Entonces, apareció un pequeño colibrí brillante, con plumas que parecían llamas danzantes.
—No temas —dijo el colibrí—. Yo soy el guardián del fuego.
El ave explicó que el fuego se había debilitado porque las personas habían olvidado agradecer a la tierra. Killa prometió que su pueblo volvería a honrar la naturaleza.
El colibrí se elevó hacia el cielo y, con un aleteo luminoso, lanzó una chispa ardiente al volcán. Poco a poco, el calor regresó, las plantas reverdecieron y el sol brilló nuevamente.
Desde entonces, cuando un colibrí brilla bajo la luz del amanecer, los mayores dicen que es el Colibrí de Fuego, recordando a todos que deben vivir en armonía con la naturaleza.
Y así, la comunidad nunca volvió a olvidar su promesa.
Moraleja: Cuando respetamos la naturaleza, ella nos protege.